¿Por qué?

Vivimos en un mundo definido por la velocidad de los cambios. Un mundo que necesita cada vez más de ideas, de pensamientos, de valores humanistas, de la empatía. ¿Cómo dotamos de significado a los cambios de hoy?
Quienes se desenvuelven en las Humanidades y en las Ciencias Sociales suelen ser quienes plantean las preguntas esenciales. Los que cuestionan el status quo. Los que, en medio del vertiginoso ritmo de la inmediatez, de los resultados, de la productividad, se preguntan por el sentido de lo que hacemos, el sentido del ser humano.
¿De qué modo participamos en la globalización si no comprendemos quiénes somos y qué es aquello que nos hace singulares como personas, como ciudadanos, como nación? Sin las Humanidades no es posible traer al presente las lecciones del pasado, ni comprender mejor lo que nos hace humanos a través del arte y otras manifestaciones de la cultura, ni dotar a los acelerados cambios científicos y tecnológicos de un marco ético. Sin las Ciencias Sociales -como la Economía, la Sociología, la Geografía-, no es posible transformar el crecimiento económico en verdadero desarrollo: aquel que, más que riqueza, lo que crea es una sociedad equitativa, justa, creativa, humana.
Textos y entrevistas del sitio: Carmen Sepúlveda, periodista.

Santiago: Ahí donde las ruinas hablan

Julio, 2019 | Calidad de vida, Cultura, Videos

Francisca Márquez

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Una investigación de la antropóloga y académica de la Universidad Alberto Hurtado, Francisca Márquez elige cinco lugares íconos de la capital para leerlos como artefactos culturales y en ese afán, obligan a preguntarse qué parte de la memoria de Chile se desestabiliza cuando se convierten en ruinas y escombros.

“La ruina es la historia de una caída, un hundimiento, un derrumbe”, con esta frase que define el objeto de estudio de la investigación (FONDECYT 1180352) “Ruinas urbanas. Réplicas de memoria en ciudades latinoamericanas. Santiago, Quito y Bogotá”, comienza  un delicado trabajo audiovisual realizado por la cineasta Laura González y el equipo de investigadoras integrado por la antropóloga Francisca Márquez junto a las coinvestigadoras Javiera Bustamante, Amalia Nuevo y Carla Pinochet.

Son nueve minutos dedicados a Santiago de Chile, que muestran las tacitas de Cerro Blanco, la Basílica de San Salvador, el Patio 29 del Cementerio General, la Villa San Luis de Las Condes y el Palacio Pereira.  ¿Qué dicen de nosotros estos sitios abandonados? ¿Por qué importan?

La antropóloga Francisca Márquez explica que interesan en cuanto artefactos culturales porque representan y  permiten leer la historia a través del paso del tiempo, de la acción de la naturaleza, de las materialidades, del musgo, del óxido y  el trabajo de las culturas y de las agencias que permiten destruirlas o recuperarlas.

“La ruina no es solo escombro ni piedra, ni fragmento, sobre ella podemos reconstruir un relato histórico, y también proyectar el futuro. Las ruinas hablan y expresan ese deseo de hacerlas leer, de escucharlas, y verlas con una estética propia, con esa posibilidad que en la vegetación material, renazcan, a pesar de que nos resistamos”, dice.

Hacerlo en lenguaje audiovisual parte de la búsqueda de comprenderlas mejor, porque la palabra simplemente no era suficiente para rescatar el ruido ambiente, la voz de la naturaleza y el paso de la gente.

“Pensamos que la imagen permite completar la totalidad y la estética de la ruina, el trabajo del mensaje es sonoro, es la luz, es la lluvia, son las estaciones del año, que nos va desestabilizando con su presencia, que nos recuerda que la naturaleza está ahí a pesar del deseo del higienismo o del neoliberalismo que solo avanza hacia adelante y borra las huellas del pasado”.

En cuanto a los lugares seleccionados se distinguen:: las ruinas prehispánicas al interior de la ciudad moderna que serían representadas por las tacitas de Cerro Blanco; las ruinas de la oligarquía pasada con todo el peso de la especulación inmobiliaria actual que sería el Palacio Pereira; las ruinas memoriales que rememoran tragedias históricas de la violencia política reciente representado por el Patio 29 del Cementerio General de Santiago; y finalmente la Basílica de San Salvador que representa el abandono del barrio  por parte de la elite santiaguina y los sucesivos terremotos que dañan irremediablemente su estructura.

Con un tono único que entrega un montaje de lugares a ratos tristes hay belleza, nostalgia, dolor humano, abandono geográfico y una invitación al espectador a preguntarse cómo impactan en el Chile actual la caída de los valores sociales, políticos y culturales sumergidos en esos sitios. En ese  sentido, la lectura de los textos ayuda a ubicarse en el contexto y en los hechos que ocurrieron en esos rincones.

Del Patio 29 por ejemplo dice: “Dejadas a su natural deterioro, las tumbas vacías de Patio 29 y sus cruces nos increpan a no olvidar. Son ruinas donde la maleza y el óxido aun dejan entrever el dolor de los cuerpos que clandestinamente un día fueron ahí enterrados”.

¿Por qué recorrer este lugar? ¿por qué elegirlo como una ruina política? Para  la antropóloga, “el óxido de las cruces y la maleza que cree sobre ese patio representan muy bien el olvido de la sociedad a las víctimas de la violencia política; en ese sentido expresa que esta sociedad no ha estado dispuesta ni interesada en encontrar no solamente a los victimarios, sino que tampoco en reparar a los familiares de las víctimas”, dice.

De la icónica Villa San Luis cuenta que “La medianoche del 28 de diciembre de 1978, más de cien familias que vivían en Villa San Luis fueron desalojadas por militares. Esa noche los pobladores sufrieron la demolición y el despojo de un sueño”. Este lugar es la ruina de la utopía socialista que expresa el proyecto de transformación de la ciudad no segregada en la cual la clase media obrera pudiese convivir con los sectores altos de la sociedad.

“Ese proyecto fue abortado también el 73, y progresivamente se fue trasformando en una expresión icónica de lo que es el hambre inmobiliaria en este país. Hoy es impensable mantener al menos esas dos torres en un territorio donde los espejos y los grandes intereses de las transnacionales estén ahí presente, muestra la resistencia del municipio a transformarlo en un memorial, habla también de la devastación que puede tener la ideología neoliberal y la especulación inmobiliaria sobre la memoria, donde poco importa que su arquitecto Miguel Lawner haya sido nombrado Premio Nacional de Arquitectura y donde lo más probable es que esas dos torres terminen siendo arrasadas”, cometa Márquez.

Márquez cuenta que este proyecto de investigación deriva de un estudio anterior que está condensado en el libro Patrimonio: Contranarrativas Urbanas (Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2019) y que parte en el capítulo dedicado al Palacio de La Moneda donde le sorprendió descubrir que, efectivamente después del bombardeo del 73, el edificio permaneció siete u ocho años en ruinas frente a la Alameda. En fotos de google pudo observar que permaneció sostenida por andamios, incluso usada por usos tan banales como estacionamientos. “Para mí fue impresionante encontrar esas fotografías porque creo que permite comprender por qué La Moneda a pesar de todos los procesos de refacción, sigue teniendo ese dolor de la devastación”, comenta.

Este estudio, por razones lógicas, está muy avanzado en lo que es la ruina de la capital de Chile, pero abarca  tres urbes de Latinoamérica: Santiago, Quito y Bogotá y en cada una de estas ciudades capitales se estudian cinco ruinas. El video de Santiago de Chile está disponible en youtube con el nombre “Ruinas urbanas, réplicas de memoria en Santiago”.

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