¿Por qué?

Vivimos en un mundo definido por la velocidad de los cambios. Un mundo que necesita cada vez más de ideas, de pensamientos, de valores humanistas, de la empatía. ¿Cómo dotamos de significado a los cambios de hoy?
Quienes se desenvuelven en las Humanidades y en las Ciencias Sociales suelen ser quienes plantean las preguntas esenciales. Los que cuestionan el status quo. Los que, en medio del vertiginoso ritmo de la inmediatez, de los resultados, de la productividad, se preguntan por el sentido de lo que hacemos, el sentido del ser humano.
¿De qué modo participamos en la globalización si no comprendemos quiénes somos y qué es aquello que nos hace singulares como personas, como ciudadanos, como nación? Sin las Humanidades no es posible traer al presente las lecciones del pasado, ni comprender mejor lo que nos hace humanos a través del arte y otras manifestaciones de la cultura, ni dotar a los acelerados cambios científicos y tecnológicos de un marco ético. Sin las Ciencias Sociales -como la Economía, la Sociología, la Geografía-, no es posible transformar el crecimiento económico en verdadero desarrollo: aquel que, más que riqueza, lo que crea es una sociedad equitativa, justa, creativa, humana.
Textos y entrevistas del sitio: Carmen Sepúlveda, periodista.

Jorge Larraín: “No hay valores permanentes o esenciales que caractericen a una nación. Tampoco existe un carácter nacional”

Septiembre, 2016 | Cultura, Entrevista, Sociedad

Jorge Larraín

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¿Qué es importante entender como identidad nacional? ¿Cuáles son los valores actuales que nos refuerzan como chilenos? ¿Existe realmente una definición estática de lo que es la chilenidad? Ad portas de celebrar las Fiestas Patrias; el profesor Emérito de la Universidad Alberto Hurtado Jorge Larraín nos aclara que desde la sociología “no existe un carácter nacional o una impronta psicológica compartida por todos los chilenos”.

Según el profesor Emérito de la Universidad Alberto Hurtado, Jorge Larraín Ibáñez, cuya contribución a la sociología ha sido a partir del análisis de los procesos identitarios de Chile como de América Latina, explica que las identidades nacionales, eso que uno cree que nos hace sentirnos parte de un todo,  no es estático, no tiene una versión única porque cambia históricamente. Aquí la conversación que aclara con fundamentos cada una de estas afirmaciones.

-¿Qué es importante entender como identidad nacional?-

-Toda identidad nacional tiene al menos cuatro elementos esenciales. En primer lugar la identidad nacional expresa un sentimiento de unidad, lealtad recíproca y fraternidad entre los miembros de la nación. En segundo lugar, se manifiestan en una pluralidad de discursos que construyen una narrativa acerca de la nación, su origen y su destino. Mientras las identidades individuales normalmente tienen un sólo relato identitario más o menos integrado y solo cambian secuencialmente en el tiempo, las identidades nacionales normalmente poseen varios discursos identitarios que coexisten simultáneamente y que responden a la gran variedad de grupos, clases sociales, intereses y visiones del mundo que cohabitan en una nación. En cada época, alguno de esos relatos predomina en el favor popular. En tercer lugar, tanto los sentimientos de fraternidad como los discursos sobre el destino nacional se construyen en oposición a otros (otras naciones) que se suponen tienen modos de vida, valores, costumbres e ideas diferentes. En cuarto lugar, las identidades nacionales cambian históricamente y no tienen una versión única definitiva capaz de establecer exhaustivamente y para siempre lo que les es propio. No son algo estático o una especie de alma o esencia permanente. Aparecen nuevos relatos identitarios predominantes, se modifican los sentimientos de fraternidad, cambian los contenidos, se conciben nuevos proyectos de futuro sin por ello implicar una alienación o traición a una supuesta esencia profunda que las habría constituido desde siempre. No existen los rasgos identitarios nacionales esenciales que no cambian y subsisten eternamente a través de la historia, inalterados.

-¿Cuáles son los valores actuales que nos refuerzan como chilenos?-

-De los elementos anteriormente esbozados se deduce que no hay valores permanentes o esenciales que caractericen a una nación. Tampoco existe un carácter nacional o una impronta psicológica compartida por todos los chilenos. Lo que no significa que no existan en cada época de la historia algunos valores, modos de vida, de trabajo, de entretención que caracterizan a la sociedad. En algunos casos especiales, ciertos gustos, modos de vida o valores pueden ser de larga duración. Dentro de los muchos elementos que constituyen los contenidos de una identidad nacional en un determinado momento hay algunos que destacan por su mayor presencia o gravitación en el largo plazo. Tienen bastante estabilidad en el tiempo y de alguna manera han figurado con significaciones parecidas desde hace mucho tiempo. Son los rasgos de más larga duración y marcan predisposiciones, sentimientos, gustos y modos de hacer las cosas más estables. Otros son de más reciente aparición o su sentido ha ido cambiando y siendo reinterpretado en nuevos contextos históricos o sencillamente duran poco y desaparecen. Es posible tratar de identificar estos factores y explicar su origen histórico y su permanencia, siempre que nos abstengamos de transformarlos en esencias intocables e inamovibles. Por ejemplo, la religión católica es un rasgo de larga duración en Chile, pero igual cambia y con el paso del tiempo ha perdido parte de su importancia. Hasta hace poco los valores del mercado, el emprendimiento y el éxito económico eran predominantes en Chile. Hoy esos valores aparecen cuestionados, y empiezan a surgir otros que adquieren relevancia social: la transparencia, la participación, la solidaridad.

-¿Cómo se sostiene el sentirse chileno, frente a la visión global de ser ciudadanos del mundo?-

-Hay que afirmar, antes que nada, que frente a la globalización las identidades nacionales no están destinadas a desaparecer. Como dicen ciertos autores, lo global no reemplaza a lo local, sino que lo local opera dentro de la lógica de lo global. Aunque es posible detectar elementos culturales de las más variadas procedencias que tienden a romper con los límites nacionales y espacio-temporales y se van internacionalizando, esto no implica que la globalización vaya a significar una creciente homogenización cultural ni que la cultura vaya a ir progresivamente desterritorializándose. Puede que hoy exista un cierto espacio cultural electrónico sin un lugar geográfico preciso, pero las culturas locales y las identidades nacionales nunca perderán su importancia y lo global sólo puede actuar a través de ellas.

 

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