¿Por qué?

Vivimos en un mundo definido por la velocidad de los cambios. Un mundo que necesita cada vez más de ideas, de pensamientos, de valores humanistas, de la empatía. ¿Cómo dotamos de significado a los cambios de hoy?
Quienes se desenvuelven en las Humanidades y en las Ciencias Sociales suelen ser quienes plantean las preguntas esenciales. Los que cuestionan el status quo. Los que, en medio del vertiginoso ritmo de la inmediatez, de los resultados, de la productividad, se preguntan por el sentido de lo que hacemos, el sentido del ser humano.
¿De qué modo participamos en la globalización si no comprendemos quiénes somos y qué es aquello que nos hace singulares como personas, como ciudadanos, como nación? Sin las Humanidades no es posible traer al presente las lecciones del pasado, ni comprender mejor lo que nos hace humanos a través del arte y otras manifestaciones de la cultura, ni dotar a los acelerados cambios científicos y tecnológicos de un marco ético. Sin las Ciencias Sociales -como la Economía, la Sociología, la Geografía-, no es posible transformar el crecimiento económico en verdadero desarrollo: aquel que, más que riqueza, lo que crea es una sociedad equitativa, justa, creativa, humana.
Textos y entrevistas del sitio: Carmen Sepúlveda, periodista.

Edward Kaufman: “Las universidades deberían tener profesores mapuche”.

Diciembre, 2018 | Entrevista, Género y diversidad

Edward Kaufman

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Según el experto en resolución de conflictos, Edward Kaufman, en toda controversia la parte débil debe adquirir más habilidad para poder negociar cuando hay relaciones asimétricas. “Tengo un manual con 79 métodos que ayudarían a preparar a defensores de la causa mapuche que sean capaces de ganar en sus reivindicaciones”, dice.

Edward Kaufman es considerado uno de los mayores estudiosos en resolución de conflictos de las naciones. Ha integrado el Comité del Premio Nobel, Amnistía Internacional y Human RightsWatch. Ha participado en diversos programas de resolución de conflictos patrocinados por la Fundación Ford, USAID, Banco Mundial, Winston Foundation, MacArthur Foundation, NatureConservatory, Eurasia Foundation. Actualmente es profesor de la Universidad de Maryland y visitó nuestro país invitado por la Corte Suprema y el Programa de Mediación y Resolución de Conflictos de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado.

Como especialista en mirar las tensiones mundiales, entregó algunas claves para que Chile empiece de una vez por todas a construirun camino de reparación con el pueblo mapuche. Por lo demás, de nuestro país tiene un profundo interés y conocimiento, es autor del libro Crisis in Allende’s Chile: New Perspectives.

“Mi interés por Chile pasa por el tema de los derechos humanos. He estado seis veces viniendo invitado por la UAH, por la embajada de Estados Unidos y ahora la Corte Suprema. He tratado de pensar y ayudar a generar proyectos de cambio usando la mejor metodología en la resolución de conflictos”, comenta. 

Parte de su diagnóstico de  por qué noha sido fácil poner un olivo como símbolo de paz entre los mapuches y huincas, se debe a que hubo una transición política peculiar en Chile, que en otros lugares no se vio tanto. Sin entrar a estereotipos, la época dictatorial fue muy larga y existen reivindicaciones aplazadas. “En ese contexto donde nadie podía reclamar sus derechos, los pueblos originarios tampoco pudieron hacerlo”, explica.

-La gran pregunta es cómo un gobierno democrático puede captar los valores de una comunidad originaria que ha sido oprimida y humillada por tantos y tantos años-

-Cómo recuperar la dignidadporque eso es lo que quieren. No es fácil. Hoy por hoy los mapuche no se sienten chilenos y eso me llama profundamente la atención, porque mientras que en otros países se hablan de judío americano, árabe americano, nativo americano o afroamericano, no se deja de mencionar lo que los une, acá está tan polarizado el conflicto que el pueblo originario ni siquiera quiere que se le nombre con el nombre del opresor.

– ¿Qué rol tiene el diálogo en este conflicto, tiene alguna capacidad de acercar a las partes?-

-En primer lugar creo que la palabra diálogo representa una etapa necesaria, pero no suficiente para tratar de solucionar el gran abismo que se ha creado entre los dos pueblos, porque fíjese que un diálogo en una situación tan asimétrica la parte débil -y lo digo desde mi experiencia entre el conflicto israelí palestino-se siente que no pasa nada, que es como un truco usado para prolongar la injusticia. Se ve como una situación dilatoria, como para no llegar a recibir lo que ellos demandan como justo. Cuando se está en la parte del poder, en este caso el gobierno,  no hay nada de malo en empezar a conversar porque representan el statu quo. Pero los mapuche representan la urgencia del cambio, y en ese contexto conversar puede generar expectativas no cumplidas. Aunque haya gente de buena voluntad de parte del gobierno tienen que estar conscientes que la parte débil percibe que la contraparte quiere ganar tiempo, que incluso esperen que pase algo que distraiga a la opinión pública como una catástrofe natural y lograr bajar la atención.

-¿Usted identifica cuatro etapas  en la resolución de este conflicto cuáles serían?-

-Mi experiencia con respecto a pueblos originarios no es muy grande, en Canadá, África del Sur, el conflicto israelí palestino y en el caso mapuche en la parte de la Patagonia argentina he recogido el espíritu de lo que ocurre. Pero un buen proceso de negociación necesita de 4 etapas: generar relaciones de confianza, que ambas partes se comprometan por un periodo de tres años a hacer un listado con petitorios claros. Lo segundo es que los débiles deben aprender habilidades de negociación, yo he pedido a la UAH que me ayude a conseguir dos o tres universitarios de origen mapuche que vengan tres semanas en el mes de enero a la Universidad de Maryland para que aprendan habilidades de negociación, podrían venir con un jesuita. Generar capacidad de negociar es importantísimo y si no la hacemos no nos va a ir bien. Pero es una inversión de tiempo, sólo estando capacitado pueden negociar como un igual.

Tercera etapa es cómo se llega a un consenso o acuerdo, se aprende a través de distintas herramientas, y que se pueden entrenar a través de juegos de simulación. Ahí hay  5 o 6 métodos, uno de mediación comunal que nos ha resultado muy bien, es un método que viene de pequeñas comunidades, y otro de mediación nacional que puede ser un conflicto entre Bolivia y Chile. Esta tercera etapa genera un documento de consenso. Luego viene la etapa más importante que es un plan de acción.

-¿En cuánto a la autoridad qué acción deberían realizar?-

– Hay que buscar representantes de parte del poder opresor. En la Corte Suprema no veo a ningún juez de origen mapuche, yo me pregunto cómo es que en 18 jueces no hay ninguno que sea representante de los pueblos originarios. En el caso de Israel el 20 por ciento de la población dentro del país es árabe, y en la corte suprema hace más de 30 años uno de ellos por tradición tiene que ser árabe.  Yo digo que se puede hacer un plan de trabajo con becas a profesionales mapuche que puedan llegar a ser presidentes de la Corte Suprema, es una acción afirmativa que es parte de un proceso que da confianza, que no es una acción de caridad sino que se ve como un problema que debe ser cambiado.

-En Chile se dice que es bueno mirar a Canadá  por cómo legitimaron a los pueblos originarios. A su juicio: ¿Es realmente un modelo aplicable a nuestro país?-

– Cada país eventualmente debería forjar su propio modelo, pero no hay razón de ver buenas o malas soluciones de otros países, en el caso de Canadá a nivel declarativo nombraron a la población originaria los llamaron first nations, los que han estado primero,  y el resto de los canadienses vinieron después eso fue muy interesante.

Una propuesta sería que si bien hay mineras canadienses en Chile, podrían hacer un seminario en conjunto con los grupos originarios y desde ahí poder aprender. No copiar, si no aprender de las experiencias de otros y más relevante aun es cuándo les fue mal.

– ¿Y la academia que rol debería tener en este conflicto más allá de investigarlo?-

-Las universidades deberían tener profesores mapuches y capacitar a estudiantes mapuche. Yo tomaría a estudiantes de origen mapuche, los capacitaría para que aprendieran a negociar y los convertiría en defensores de la causa. Así la academia, sus profesores y estudiantes tendrían gran legitimidad frente al conflicto.

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