¿Por qué?

Vivimos en un mundo definido por la velocidad de los cambios. Un mundo que necesita cada vez más de ideas, de pensamientos, de valores humanistas, de la empatía. ¿Cómo dotamos de significado a los cambios de hoy?
Quienes se desenvuelven en las Humanidades y en las Ciencias Sociales suelen ser quienes plantean las preguntas esenciales. Los que cuestionan el status quo. Los que, en medio del vertiginoso ritmo de la inmediatez, de los resultados, de la productividad, se preguntan por el sentido de lo que hacemos, el sentido del ser humano.
¿De qué modo participamos en la globalización si no comprendemos quiénes somos y qué es aquello que nos hace singulares como personas, como ciudadanos, como nación? Sin las Humanidades no es posible traer al presente las lecciones del pasado, ni comprender mejor lo que nos hace humanos a través del arte y otras manifestaciones de la cultura, ni dotar a los acelerados cambios científicos y tecnológicos de un marco ético. Sin las Ciencias Sociales -como la Economía, la Sociología, la Geografía-, no es posible transformar el crecimiento económico en verdadero desarrollo: aquel que, más que riqueza, lo que crea es una sociedad equitativa, justa, creativa, humana.
Textos y entrevistas del sitio: Carmen Sepúlveda, periodista.

Desechos mineros: una herida a tajo abierto

Diciembre, 2014 | Economía, Medio ambiente

Sebastián Ureta

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Una tonelada de cobre en Chile genera 99 toneladas de desechos. Sólo en los primeros seis meses del 2014 el país llegó a producir 2,846 millones de toneladas de cobre, dimensionar el basural de desechos tóxicos que eso significa da para pensar que es el momento que las instituciones deben actuar. Por un país minero limpio, es que desde la sociología se quiere conversar. Sí, porque los responsables poco conversan, sólo les interesa jugar sin importar cómo.

Chile se ubica en el lugar 58 en el Índice Mundial de Desempeño Medioambiental y recién el año pasado se creó una ley que regula la contaminación minera. Han sido dos siglos en que los dueños de las mineras han producido las tierras y una vez finalizada las faenas las abandonaron  sin dejar dato alguno para demandar, ejercer presión u obligarlos a restaurar el daño cometido. Los residuos tóxicos se acumularon y lo peor, se instalaron como una de las principales fuentes de contaminación del país.

Hacerse cargo del basural histórico y compensar a las comunidades afectadas, son gestiones que urgen, así como responder a la pregunta más importante y de fondo para el futuro: ¿Queremos seguir creciendo a costa de una industria minera tan sucia? ¿Qué falta para encontrar un consenso nacional sobre este problema? ¿Quiénes debieran estar en la mesa de diálogo de un medioambiente tan mal explotado? 

Sebastián Ureta, investigador del departamento de sociología de la UAH, estudia cómo generar un mecanismo de diálogo fructífero entre todos los actores: desde los habitantes afectados, las autoridades, empresarios, académicos, consultores y técnicos.

Según él, el gran problema es que las partes chocan unas con otras porque hablan lenguajes opuestos, transformándose cualquier iniciativa en un diálogo de sordos. Por tanto el proyecto de investigación que lidera pretende estructurar diferentes maneras de entender los relaves mineros y sugerir consensos planificados respecto a cuántos desechos queremos, qué vamos a hacer con ellos, qué tipo de compensación requieren las comunidades que viven cerca, etc.   

Ureta indica que lo más crítico dentro de los hallazgos de su estudio son los relaves abandonados, porque pertenecen a minería de oro y plata del siglo XIX que producían con reactivos mucho más contaminantes que los actuales, en particular mercurio, tóxicos que quedaron diseminados en el norte chico.

El investigador más allá de identificar el mapa de los relaves apunta a los empresarios, que desde que Chile es Chile las mineras son industrias manejadas por gente que hacen las cosas cuando los obligan a hacerlas y en nuestro país sólo el 2013 se publicó una ley de limpieza de desechos que fiscaliza y multa. Lo complejo son esas mineras que ya no existen y que la autoridad tampoco no se ha hecho cargo de limpiar porque no es una prioridad ambiental.  

La relevancia de esta contaminación es que la industria minera para crecer y responder al discurso de sustentabilidad debe ser efectiva y el cómo resuelva este problema es un debate que debiera ser multidisciplinario. Porque el diálogo es la forma más desarrollada y compleja que tiene el ser humano para comunicarse, el sociólogo entregará una descripción súper densa de los procesos que se lidia en esta crisis medioambiental. Bajo su mirada creará protocolos de comunicación para que los empresarios, autoridades y la comunidad puedan coexistir de una forma potencialmente más sustentable.

Sebastián Ureta

 

Links UAH: 
Facultad de Ciencias Sociales
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Postgrado UAH
Ediciones UAH

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